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Entrenamiento: Cuestiones sobre el alto rendimiento

 

 

por el MI Alejo de Dovitiis  

 

El deporte en general, cualesquiera sea la rama que se practique, puede ser tomado como un juego (voluntad de participación) o como una competencia (anhelos de superación) pero dentro de este último caso podemos diferenciar lo que denominaremos competencia masiva (a la que acceden todos los que lo pretenden) de la de alto rendimiento donde son contados los deportistas que llegan a disputar este tipo de eventos.

Desde hace más de diez años estoy interesado en los temas de entrenamiento y las experiencias vividas con distintos alumnos en torneos nacionales e internacionales de ajedrez me han incentivado a investigar sobre temas relacionados con la preparación de deportistas. Es así que descubrí en la muy buena revista especializada en temas de psicología “Inconciente Argentino” (www.inconciente.com) una serie de notas del Licenciado Pablo Pécora (verdadero experto en la materia) sobre el tema del alto rendimiento deportivo. Dichos trabajos, por la certeza y profundidad de sus afirmaciones, servirán de apoyo permanente a la presente nota que tendrá como idea interrogarse y responder las principales preguntas sobre lo que versa el alto rendimiento ajedrecístico.

¿Qué es el alto rendimiento?

Este concepto alude al segmento más estrecho y competitivo de un deporte en particular al cual acceden los mejores de cada disciplina. Entiendo por mejores no sólo a los primeros del ranking correspondiente sino a todos aquellos deportistas capaces de desenvolverse de igual a igual en las altas esferas de su respectiva actividad. Acceder a ese umbral ya es un logro para un ajedrecista, obtener triunfos en ese nivel, ya significa la gloria deportiva – a la que muy pocos llegan – y en la cual cuesta enormidades de esfuerzos y sacrificios mantenerse. Como señala el Lic. Pablo Pécora: “Prepararse para alcanzar la excelencia en un determinado campo de la vida es recorrer un largo camino donde habrá que sortear numerosos inconvenientes, situaciones imprevistas; elaborar emocionalmente muchas adversidades y continuar, siempre continuar”[1].

No caben dudas que el alto rendimiento impone buenas dosis de excelencia de parte del ajedrecista como tampoco hay discusión con respecto a que ello se logra mediante entrenamiento y competencia en ambos casos dura y sostenida.

¿Qué mentalidad inculcar en el jugador de alto rendimiento?

La mentalidad competitiva es la que debe guiar el accionar de un ajedrecista de alto rendimiento. La mentalidad formativa, la cual nunca se deja de lado en su totalidad, pertenece a una etapa anterior, la de formación del deportista. El entrenador es quien enseña y propulsa la mentalidad competitiva mientras que el más idóneo para impregnar de mentalidad formativa al ajedrecista es el profesor. Señala de manera magistral el Lic. Pécora: “Una habilidad superior para acceder a buenas posiciones es poder controlar los estados de ánimo, saber que hacer con ellos”[2] (eso es tarea de un coach, posiblemente con ayuda de un psicólogo deportivo y no de un profesor que se dedica a formar al jugador).

Suelo utilizar, al igual que se usa en el fútbol, una charla técnica minutos antes de la partida de mi entrenado donde debatimos sobre que tipo de partida sería el ideal que suceda, que cosas del oponente puntual hay que tener en cuenta y otros tópicos, pero nada de jugadas concretas, ya que la idea básica de esta conversación es clarificar ideas (no variantes ni jugadas) sobre lo que se pretende desarrollar sobre el tablero.

¿Cómo se alcanza la cúspide?

El arribo a la cima de una actividad deportiva es consecuencia de un sostenido esfuerzo sustentado en un programa de entrenamiento y en la utilización de una mentalidad competitiva progresiva, orientada siempre a nuevos objetivos exigentes pero alcanzables. Llegar a las altas esferas del ajedrez es difícil ya que se precisan altas dosis de compromiso y confianza como lo explica el Lic. Pécora: “La excelencia personal es, en gran parte, una cuestión de confianza en las propias capacidades y en el compromiso del deportista con su propio desarrollo”[3]. No es casual que varios ajedrecistas destacados tengan una personalidad donde sobresale la vanidad pero que llevados al mundo de las sesenta y cuatro casillas esa característica personal los torne más fuertes en su desempeño ya que consideran que “todo lo pueden”.

¿Existe un programa completo de tareas?

Considero que no se ha concebido un plan de entrenamiento perfecto en lo que respecta al ajedrez. Si hay muchos métodos famosos la mayoría originados en entrenadores de la ex Unión Soviética. El único punto en común entre todos los sistemas de entrenamiento que he consultado consiste en la importancia fundamental que todos le imputan al análisis de las partidas propias en virtud de considerar a este ítem como la mejor manera de reflexionar sobre los puntos fuertes y débiles de un ajedrecista.

Los programas de entrenamiento y el calendario de competencias deben ser intensos pero deben cuidar que el ajedrecista no caiga en estrés ya que ello impactaría seriamente sobre su rendimiento. Al respecto los Licenciados Pablo Pécora y Germán Griehl indican: “El estrés impacta en el físico – tensión muscular, contracturas –, en las emociones – sentimientos de enojo, ansiedad, irritabilidad, etc. –, en las relaciones con los otros – aislamiento, intolerancia –, los procesos cognitivos – baja de atención, confusión, percepción acelerada del tiempo –”[4].

¿Cualquier jugador puede alcanzar la esfera del alto rendimiento?

La experiencia práctica demuestra que toda persona con una rutina seria y constante de entrenamiento puede mejorar en mucho su performance pero ello no significa que todos los seres humanos sean capaces de ascender hasta el alto rendimiento en el ajedrez. Lo destacable de todo este artículo es que tal cual decía el viejo comercial radial de Carrefour “Ser el mejor es ser el mejor que puedas ser” y hacia ello apunto con este texto: todo esfuerzo vale la pena porque implica una mejora para el deportista y allí es donde reside el éxito en el esfuerzo constante y no en el triunfo circunstancial.

¿El objetivo es llegar o mantenerse?

El primer objetivo de un ajedrecista con ambiciones y condiciones es arribar a un nivel de alto rendimiento pero luego y más arduo aún es el derrotero de la permanencia en el alto rendimiento. En ambos supuestos el factor de la presión por los rendimientos evidenciados se halla siempre presente y aquí el entrenador debe ser equilibrado para manejar esa situación e impedir que los padres del ajedrecista mediante opiniones o actitudes incrementen ese nivel desgastante de presión que ya de por sí subyace en un ambiente tan competitivo. Afirma el Lic. Pécora: “Existen diversas estrategias para tratar con este tipo de padres. Algunos métodos de abordaje pueden ser darles mucha información para contener su ansiedad (pautas motrices, características psicológicas), explicarles los objetivos de cada etapa de entrenamiento, hablar de procesos y no de resultados, darle la posibilidad de que coopere con el entrenador pero, al mismo tiempo, ponerle ciertos límites”[5].

El triángulo jugador, entrenador y padres debe funcionar con mucha y buena comunicación para que todos den lo mejor de si mismos y ello repercuta en un óptimo grado de placer y confianza por parte del ajedrecista, en cuyo caso, su rendimiento será el mejor o cercano a ese nivel.

¿Qué significa ganar?

Lograr que el adversario estreche nuestra mano, pare el reloj o incline su rey en señal de derrota son solo símbolos de lo que significa la victoria. El triunfo equivale a muchos más en la sociedad que hoy nos toca vivir donde pareciera que nada queda para el perdedor de la contienda. Nuevamente recurramos a nuestro especialista de cabecera, el Lic. Pécora, quien nos explica los rasgos de exclusividad y exclusión de la victoria: “El triunfo es un sitio de privilegio. Es en ese sentido que se lo difunde y, como todo privilegio, para ser tal tiene que haber personas que no gocen de él”[6].

Sin embargo el trabajo analítico con las partidas jugadas y las experiencias recogidas de esas contiendas  puede ser muy positivo para el futuro del ajedrecista, por algo será que ciertos grandes maestro dicen que se aprende más de las derrotas que de los triunfos. Se podría afirmar que las derrotas bien analizadas, corregidos los yerros y pensadas las mejoras, pueden ser una muy redituable inversión para el ajedrecista.

¿El que gana se siente bien o viceversa, quien se siente en óptimas condiciones triunfa?

Esta pregunta, que luce absurda, es realmente un cuestionamiento de relevancia que todo jugador debe preguntarse junto a su entrenador. Sería obvio responder que cualquier persona se siente reconfortada cuando obtiene un triunfo pero ¿cuál es el requisito fundamental para poder ganar? El Lic. Pécora pone luz sobre este asunto trascendental: “Es decir que quien gana se siente bien, lo que por contraposición nos lleva a afirmar que quien no es ganador, quien no es el primero, se siente – o debería sentirse – mal. En verdad, a la vista de dicho panorama, resulta práctico invertir la afirmación cotidiana: no se trata de que ganar haga que una persona se sienta bien, sino que para ganar hay que, primero, sentirse bien”[7].

Todo lo expuesto nos grafica el “amplio mundo del alto rendimiento” que merece ser más investigado aún ya que muchas cosas se pueden extraer de su análisis.

[1]  “Su excelencia”, por Lic. Pablo Pécora, Inconciente Argentino, año 1 nº 6, Agosto de 2006.

 [2]  “Su excelencia”, por Lic. Pablo Pécora, Inconciente Argentino, año 1 nº 6, Agosto de 2006.

 [3]Su excelencia”, por Lic. Pablo Pécora, Inconciente Argentino, año 1 nº 6, Agosto de 2006.

 [4] “Corpore sano in mente sana”, por los Licenciados Pablo Pécora y Germán Griehl, Inconciente Argentino, año 1 nº 3, Mayo de 2006.

 [5] “Éxito a presión”, por Lic. Pablo Pécora, Inconciente Argentino, año 1 nº 2, Abril de 2006.

 [6] “Aprender a ganar”, por Lic. Pablo Pécora, Inconciente Argentino, año nº 1. Marzo de 2006.

 [7] “Aprender a ganar”, por Lic. Pablo Pécora, Inconciente Argentino, año nº 1. Marzo de 2006.

 

 

 

Copyright MI Alejo de Dovitiis, Buenos Aires, Septiembre de 2006.   

 

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